El banquete


La enfermiza dosis

que me aplica el mundo,

duplica el volumen

y refuerza la carga.

*

Deshago forzado

latentes impulsos,

y entiendo que el mundo

perverso me prueba.

*

La sed y la sombra,

la sal y las gotas,

la fuerza y difícil

frenar de mis ansias.

*

Hay quien me comprende

y es quien me permite,

sus reglas son simples

aguardo el minuto, la hora, el segundo.

*

Desgarra mi mente los hilos que impiden,

lo opíparo en frente

de mis ojos ávidos,

transmiten sabores futuros con exactitud.

Sumergido


“Anda sumergido en los pensamientos”
se dice airadamente los que dicen,
como si andar hundido en lo profundo
de la mente de un hombre fuese cualquier cosa,
el inframundo, donde los miedos libertinos
copulan con sadismo a carcajadas
e intentan con gruñidos guturales pervertir al osado
que aventure los pasos por el paso.

*

Ciertas almas se atreven; le decía,
y del reguero del pasado funesto,
recogen luces arriesgando vida (y más)
apuestan la salud mental que si se pierde,
la locura transforma íntegramente
y borra de sus días la ilusión, la rutina,
de elegir lo que vemos, de creer “lo que quiero”.

Demora


Disculpa mi demora

pero le dí una pausa,

al corazón, al cuerpo y a mi mente,

de los impulsos magnéticos; las emociones,

que estos provocan.

Sin salida

esos eléctricos estallos

que lo inundan

los carriles profundos de la carne,

esos que llegan a cada uno

de todos los rincones, los extremos,

y surten ese efecto de congoja,

estreñimiento y furia, desesperante,

por ver la muerte de los sueños,

cadáveres imaginarios suicidados,

saltando de las mentes a este mundo

y viven estos portadores

enfermos con la cinta,

de esta película que muchos

se empecinaron en llamarla vida.

 

Forma de vida


Y aún en el pensamiento más puro, aquél que hice que brotara de mi alma, forjado con la mayor precisión de mis memorias, con la intención de arrojarme en candil hacia el infierno del pecado del hombre, me extinguí como un niño abrazando el cadáver de su difunto padre y allí con ello, mis energías se derritieron por mis venas como el cebo de la última vela de mi foso, lugar donde enterrados yacen infinidad de formas, de ideas muertas por su debilidad ante el exilio de mi mente.

Luché, sabiendo que el final sería éste.

Iñi – (Debajo del hueso)


El hueso que resiste tanto

también se parte,

es el alma inconsistente

que permite a millones doblegarse.

*

Los libros tan escritos,

cargados de vocablos

se enredan en modismo y vanidades,

no saben transmitir desde sus gradas,

y carentes de lenguas atrevidas las escuelas

los niños la descuidan por no verla.

*

Es lo complejizado sistemático

y obstruye las corrientes de la mente,

pensar se considera tan antiguo

se ignora la ignorancia que se ignora, se ignoró y se ignorará.

Depresión


Te odio.

*

Te detesto porque habitas

mi cuerpo,

dicen que te ocultas en mi mente,

pero solo yo sé que juegas

enteramente con todo mi ser.

*

Desconectas mis venas,

la sangre suspende el trayecto,

lo sé, así lo siento,

me debilitas,

pensar solo resulta en callejones.

*

Y observo mis guitarras,

los libros, que sudan sus letras

con la idea de poder darme lectura,

con lo impreso chorreando por su frente,

pero no alcanza.

*

Los lazos que tejes por la noche

resisten el trajín del día,

la rutina solo los ajusta más

y quita el aire que poco queda.

*

Ese fue el motivo por el cual, alguna vez me ahogaba,

al menos eso lo controlo (de momento),

y el amor; al cual propiedades mágicas atribuimos,

no puede con ella, solo la demora,

parece ser que todo es cuestión de tiempo.

 

El Leño – De las cosas que son y deberían seguir siendo o no.


Espero reflexionen conmigo. El domingo estuve presente en un lugar muy hermoso, un campo. Durante las primeras horas disfrute las “imágenes”, bellos paisajes que uno desconoce u olvida por completo en lo cotidiano de lo urbano. Después recorrí un poco el lugar e intervine en 1 o 2 actividades; no fui muy productivo, pero sentía ganas de hacer algo y no sabía que era o “que” cosa sería, lo que haya sido fue el motor para escribir esto y esto es lo que aprendí.

En temprano momento de mi llegada vi un tronco en el suelo, derribado, no decía nada, solo admitía su derrota frente a alguna sierra a la que no resistió. Cerca de él, una herramienta (las herramientas son transformadoras), un hacha de mano. El mediodía se terminaba y yo empezaba a desnudar a este de su corteza floja, era diametralmente atractivo, pero no podía seguir siendo lo que era, así que pensé en darle un propósito; su finalidad, una silla de una pieza.

La empresa era ardua pero comenzaron los estrepitosos y torpes golpes contra uno de sus lados, la madera cedía con facilidad en un primer instante, las esquirlas volaban y su forma mutaba lentamente, no recordaba bien esto de jugar al leñador y mis manos comenzaban a sufrir el roce y el impacto del mango astillado. “Medio tiempo”, la comida estaba lista, como en un templo Maya, rodaron cabezas, 5 ranas de los alrededores fueron el sacrificio a nuestros dioses, ese día fuimos paganos, era nuestro secreto. La carne anfibia se regaló a los vecinos campestres, optamos por la bovina asada y la disfrutamos olvidando el rito anterior, todos hablábamos sin dejar mucho espacio, aún con frases cortas, el silencio nos asustaba, eso acá en la ciudad no es normal.

Terminada el hambre dimos unas vueltas más y volví a mi modelo. Sentí que me esperaba, muchas veces creemos que una acción bien intencionada o con ánimos de ayuda son requeridas por el receptor <<Lo veremos>>. Imaginariamente tracé las líneas que le darían forma, continué la marcha, intercambiaba de manos para evitar las ampollas o cortes, mi idea era sólida, yo vi un lugar para ella, justo al lado de la mesa o sosteniendo alguna espalda agotada, ¡No podía estar equivocado!, algunos miraban extrañados otros alentaban cada golpe sobre el pilote, en medio del rechinar y crujir de sus entrañas, se acercó un amigo y sugirió una nueva utilidad. -¿Por qué no mejor una bacha? – la idea era buena.

Sopesé la idea, observé nuevamente al madero aporreado y acepté la sugerencia.

Renové las fuerzas y azoté con mayor vigor su costado, esta vez parecía que el simple hecho de saber cuál era su mejor opción lo hacía más accesible y las esquirlas saltaban con furia. La tarde comenzó a gastarse y el tiempo apremiaba, nadie lo dijo pero era evidente, no iba a llegar, calculaba 2 o 3 días como ese para concluir la difícil tarea, pero así y todo algo dentro mío me impulsó a seguir, me sorprendió y no me resistí. Mi fuerza no menguaba, no así el sol que ya se encontraba a media altura de los árboles circundantes, entonces ya llegando el ocaso comprendí.

“Sé que no voy a llegar a terminarlo, no voy a poder lograr lo que esperaba para él”

Entonces, ¿Por qué seguir? Supe porque.

“Seguí porque así lo sentí, la pasión no pudo frenar a mi razón, el deseo noble de dar lo que uno tiene para el otro, eso me impulsó, sabiendo incluso que no iba a llegar.”

Pero también vino a mi mente algo que no derogaba lo anterior citado, pero:

“¿Qué sucede cuando todo tu empeño en hacer “crecer” a otro no es preciado? ¿Cuándo da igual o no es retribuido?

Hoy aprendí que hay que dejarlo en su lugar, donde ese “otro” fue hallado, aunque sepamos que elige el peor de los destinos o la errónea elección de su suerte.

Hoy camino, no doy la vuelta, quizás otro recoja mi leño, lo prenda fuego, lo quiebre en mil pedazos o sugiera una silla, ya no importa.