Primera muerte


Las hojas se desprenden

de forma irremediable,

la unión vencida

por la savia reseca.

*

La mirada cae

con el vaivén de ella,

intenta balanceandose

retrasar la caída.

*

La verdad; inevitable,

sentencia predecible

pende del cuello

donde la humedad de lágrimas antiguas,

engrosan cada eslabón herrumbrado.

*

El rostro fijo, inmóvil

los músculos duelen

y el silencio guardado;

aún golpeando el pecho,

se mantiene callado.

Espacios


Aquellos que mayor

respeto les merezco,

son los espacios.

*

Comienzan donde risas apagadas

aturden de silencio el alma,

recuerdan acechantes sus colmillos.

*

Se prolongan como filas,

aquellas que demoran lo que ansía

aquel que la practica.

*

Y el final que no llega,

puesto que arrastro como un bolso

con botellas de vino intercambiadas,

en donde en vez de uvas purpúreas

rebosan de resecas lágrimas

este trayecto pesaroso.

*

Por eso lo respeto,

pues es largo y humano el recorrido,

y no es culpable esta quimera,

es la pasión y el desafío

de jugar lo sentido

y vivir el martirio.

Culpas. (Exilio inminente)


 

Me sentí obligado

a transformarme

en el monstruo que tanto evité.

*

Te golpeé con la lengua

y la mentira,

para arrancar mi corazón

de tus entrañas.

*

¿De que otra forma yo podría?

si por ti misma era imposible,

la culpa se licua,

sangre y lágrimas se arremolinan

vertiéndose por la rejilla de la ducha.

*

Nadie sabrá que aún te amo

parece extraño,

pero aunque la distancia es necesaria

el sentimiento yace,

en alguno de mis rincones sórdidos

como maderos olvidados encendidos,

y su náufrago trepado a la cubierta

de aquellos remeros navegantes que pasaban.

Si usted fuera lo que dice ser. (Digamos padre)


Si no sabes

lo que vale un niño,

te haré pagar,

dijo una madre.

*

Si tu obvias

cada llanto (sus lágrimas),

te haré pagar,

dijo otra madre.

*

Si tu crees

que tu astucia te liberará,

te haré pagar,

dijo su madre.

*

Si tu ríes

descansando sin pensar,

lo digo yo, un hijo,

te hará pagar,

aunque la vida

cualquiera de ellas

tenga que dar.

Tu miel


Le advertí lo posible

empujó con sus dedos sin oírme

las agujas del reloj enfermo.

*

Lo percibió asombrada,

estupefacta y sensación de ahogo

la miel negra caía sobre su cabeza.

*

La escuché gritar y silencio

su perfil cubierto y oscuro

me impedía acercarme.

*

Las moscas tentadas por la melaza

sucumbieron por el negro perfume.

*

Crisálida funesta

el nuevo recinto,

lágrimas oradan

las paredes de encierro.

*

¿Será la pena suficiente

al arrepentimiento?

¿Le dará tiempo al cuerpo,

a las libertas ansias?


El la tomó por la cintura y le dijo al oído con vos densa y dulce:

– Si me lo pides, puedo ser el cementerio de los recuerdos que quieras olvidar. – 

Ella con lágrimas y bronca le contestó:

– ¿Y si el recuerdo que quiero olvidar es el tuyo? –

De donde 2 son 4. (Extracto)

 

Idea – (Post trauma)


Desde la inerte capital de lo indeciso

se atreve en la osadía

(trasfondo purulento)

cubierto de ideas putrefactas,

una luz a asomarse,

provista de lo contrario a cobardía.

*

Natural y modesta se dispone

a cruzar los albores

de las calles pobladas,

arrogancia conviven y lujuria,

el egoísmo allí manda

y el orgullo acompaña en rededores.

*

Incluso el abucheo

no alcanza hasta el desgano,

con lágrimas que escurren entre dientes,

transporta valentía

y el fuego fatuo,

enciende ante los hechos

la llama que da el soplo,

insufla el remolino

que da vuelta una vida

y encamina al perdido.