Oda Nº 2 a la gota


Ella cae, involuntaria

se deja llevar por aquello

que a todos nos supera,

quietud en la tierra,

declive en el vidrio.

*

Como todos, el cuerpo

no siempre elige superficies,

por el vidrio la tierra del descuido,

por el hierro el olvido derruido,

y ella pasa, rodando, goteando, cayendo.

*

Así las almas llegan a los rincones

aquellas que resisten por que sienten,

se secan en la grava decididas,

y aquellas temerosas solo lloran,

evitando la muerte, perduran por lástima.

 

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Mentir a.


La mentira como la guerra

comparten un acierto,

quien las evita,

a la muerte le esquiva.

*

A la muerte por vida

el que evita la guerra,

en lo vulgar de ser traidores

se nos muere el reflejo.

*

Ya los espejos

nos rechazan sin gestos,

las miradas que posaron mis ojos

son distancia, agrieta la herida.

*

Fue por una mentira

que mi vida ha cambiado,

aquello que tracé, pintado,

esta lluvia en los ojos,

arrastra por la paleta húmeda

el púrpura, el ámbar,

el azul y el blanco.

*

La mezcla se oscurece,

la mentira se cae desde el cuadro

y nos mancha las manos.

*

En vano intentar evitarlo,

más lo corres,

más te pintas.

La marcha y la última sentencia.


El llanto infinito

permeable en las zonas

boscosas, rocosas,

tan térreas y austeras

navegan al centro.

*

Tan lento y antiguo

vagar con destino,

de vida y de muerte

libertos conscientes

no desean más suerte,

liberan sus mentes

las causas atroces.

*

La marcha costosa

prosigue en sollozos,

desgarra la carne terrestre

tiemblan los cimientos,

aquello impoluto,

terrífica muestra.

*

Un Rey indolente

merece mazmorra,

donde la avaricia, el ego,

cambiaron las cosas

las almas, la sangre,

se encuentran con estos

unidos llegando

al centro desvelan

libertad no es misterio.

*

La química humana,

temor de temores;

la muerte, el dolor,

púrpura derramado,

el mar de los ojos

quebrándolo todo,

dictando sentencia

sin miedo a morir

por pura consciencia.

*

El núcleo se parte,

todo se reinicia,

de alguna manera

todo cambiará.

Tará tara tá ta, tará tarará.


Fatídico Sol

reposa en mis manos,

no quema porque

mi frío inhumano.

*

Mi piel insensible

curtida en la sal,

no sabe de amores

conoce del mal.

*

La suerte mediocre

me muestra lo dulce,

ajenos sucesos

parecen correctos.

*

No giro ni tuerzo

mi vista en la vida.

*

Así y todo entiendo

que de tantos cuentos

quedé confundido,

la muerte, los éxitos,

son falsos impuestos.

*

Y nacen princesas,

y nacen machitos,

sino cambian nada

preparen la cara.

El hijo muerto


El hijo muerto

que parió la simbiosis,

de los encuentros funestos;

el día que limpié las miserias en las tuyas,

yace frío a tus pies,

en la esquina, el café.

*

Lo pútrido que invade los sentidos

impide y direcciona lo agudo que se pierde,

se presiente el desenlace incluso

en la más sólida verdad de quien la ampara.

*

Lo tomo de las piernas

lo tomas de las manos,

y la fosa elegida ya no importa

los dos sabemos que la muerte

no merece guirnaldas ni coronas,

das vueltas con las ganas

de olvidar el camino,

evitar de una vez los desentierros,

las resurrecciones no soportan

ni saben de segundas intenciones.

 

Diario, rutina.


Excitados como niñatos

no intentan detener la fanfarria,

distanciados del estandarte de la moral

demuestran lo que son.

*

La percepción aguda

es el nuevo castigo,

y será clásico en los libros de historia,

en el futuro; si el libro llega.

*

En la marisma sumergido me pudro,

recostado en el fondo de mis pensamientos apelmazados,

desechos por el descarte,

la ceguera y la estupidez son salud.

*

¿Acaso aquí nadie comerá mi carne?

¿Será la ausencia de brillo o valor público

que ni la muerte encuentra atractivo tan fácil encomienda?

*

Tal vez por ser así,

la vida nos castigue con la inmortalidad.

 

Dame el olvido


La última prueba

de mi amor taciturno,

se desgrana en la copa de un pino

y se hace al aire de un otoño lejano.

*

Te lo di todo

ni un poco me guarde ni rezagos,

son retazos manchados los que quedan

desteñidos del uso y del fracaso.

*

Aunque el lirio que pende

de tus cuartos menguantes me hace endeble,

el recuerdo del llanto, la bronca clavada,

fijan las coordenadas

a mi sitio distante del umbral reseco.

*

De mis huesos quebrados no hago cuentas,

mi deuda se cobra solamente

con tu olvido y distancia de mi cuerpo,

con silencios de muerte,

con recuerdos sepultos,

con hedor por perfumes,

con borrar la memoria.