Solo dime si puedo


Solo dime si puede

mi mano recorrer tu espalda,

mi lengua repetir lo mismo

mi sed beber tu vino.

*

Te besaré la boca como quieras

y remolinos de tu pelo entre mis dedos,

dibujaré en tu cuello lentamente

la marca imperceptible por el resto.

(Será en él, de mi, un recuerdo).

*

Perfume mi savia tu memoria

y recorra los sitios oscuros de tu cuerpo,

que el recuerdo se borre en uno nuevo

y repitamos todo como el amanecer,

que siempre joven como tú nunca se cansa.

*

Si te caes, detrás te tengo, suavemente,

seré el primero y serás libre

creerás que tus piernas se derrumban

y te hundirás en el jardín,

el néctar tuyo volverá a la tierra.

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Sin ella.


¿Que cadena podrá

retener las ansias

de besar tu boca,

de alcanzar tu cuerpo?

*

¿De que reglas hablan

si de amor se trata

cuando pienso en ti

y me piden calma?

*

¿Buscan las palabras

que acallen mi alma

o evitar la sangre

empaparse en vino?

*

No hay alternativa

a esta trama urdida,

con cierta vileza

mi fines sinceros.

*

Tráteme de timador,

pues sus ojos ciegos

no ven más allá

del cuadro que pinta

mi corazón vivo.

*

Sin ella el motivo

es menos que efímero,

sin ella el paisaje

es de soledad.

El lugar de las cosas


Los dedos en la piel,

los dedos en el vidrio,

los ojos en el brillo

los ojos en sus ojos.

*

Las palabras de la boca,

las palabras que se borran,

los besos al espejo,

los labios que se secan.

*

El sonido de tu voz

conversación,

el sonido de los “beeps”

siguen sin vos.

*

Aquellos atrapados

en el limbo mediante,

observan.

*

Taciturnos, pensantes,

nostálgicos, recuerdan,

esa rara costumbre de mirarse,

esa antigua manía de besarse.

Mi pena, condena.


Me arrastra la marea

al lugar que siempre detesté,

y si así llego; mi pobre consuelo,

será que al menos intenté impedirlo.

*

Me arrojará la pendiente babosa

y caeré junto a los holgazanes,

a los apostadores y estafadores,

a todos los que odié por cobardía.

*

Se reirán tan fuerte,

que la noche ficticia

retumbará de tormentos,

y servirá en la boca de sedientos

el veneno junto a la gota,

que sube y baja de las nubes

hasta matarnos con nuestro propio hedor,

que mezclado con la saliva,

hace al cianuro un jugo.

Dime si puedo.


Si supieras lo que guarda mi piel,

lo que se lee en mi ojos,

lo que guardan mis huesos,

¿Te quedarías allí?

*

Tengo el defecto de decir

decirte todo lo que siento,

¿Has conocido más así,

o solo yo soy el que lo ha fallado?

*

La verdad es la ilusión,

el supuesto orden correcto

en que la boca suelta las palabras,

 

Y el mensaje se oxida

al contacto del aire,

la mentira es involuntaria

sin excepciones

siempre es mentira bajo algún cristal.

Quiero


Quiero soltarte,

de la manera más cobarde,

la forma sencilla,

la que no deja heridas.

*

Quiero borrarte,

quitarte desde el primero al último

rincón de mi corteza,

el olvido supremo, legítimo.

*

Quiero arrancar el odio,

ciertos errores ignorarlos,

momentos de sadismo,

cientos de tardes al baldío.

*

Quiero olvidar tu voz,

las frases de promesas,

lo dulce articulado por la lengua,

lo dicho con la boca y sin el alma.

La Palabra


Cada vez que se dice la palabra,

es diferente.

Porque llega detrás de las pulsiones

latentes del estado de ánimo; le dicen,

de vida, me permito,

si es ella quien divide

las aguas del lodazal permeable;

superficie mayor de los avernos.

*

Su potente nacer de cualquier boca

le hace singular e indiferente,

y baila en pasarelas de tamaños

medianos, cortos, o más largos,

se pierde en este último

rincón complejo de lo audible,

quedando a cargo del escucha

la atención, la intención y la cordura.