De la piedra que brota.


Sucumbo lánguidamente

entre la hojarasca bulliciosa

de mis húmedos calabozos,

de vestigios del éter circundante.

*

Allí posan mis abigarrados deseos

nativos de mi entorno inestable,

se nutrieron de grises y morados

de salvajes violetas y plateados.

*

Mis dedos horadan la frágil unión

señales débiles alcanzan el extremo,

aguardo, silencio y otro intento

repito hasta el hartazgo o la respuesta.

*

Como en el sutil azul del mar

el eco punza y lo acuoso penetra,

las voces múltiples resuenan,

los colores se mezclan y la savia

se derrama en el lienzo rasgado.

 

 

 

 

 

 

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Soy lo que no ve


Aunque creas que ufano me presento

te equivocas,

estoy aquí como todas las cosas,

inadvertido y perdurable.

*

Recluso del sitio en el que me hallo

como el pilar que solo ve que van y vienen,

y de entre mis ladrillos la voz ronca silva

frases intencionadas de cordura.

*

Aquí en un nuevo silencio

lugar de sueños viejos,

aquí me pienso en lo brillante

sosteniendo los haces de esta luz polvorienta

que tal vez iluminen o distraigan,

que tal vez guíen o hagan sombras,

de las ansias de un loco que desangra

por hacer algo de tanto y puro anhelo.

¿Cuanto más?


Hay una piedra clavada en el desierto

como un mástil,

mi alma ondea apenas atada

un vencido sin amigos o enemigos,

una guerra entre nadie y yo,

una guerra perdida.

*

Ruedan los cantaros al suelo,

tinajas se quiebran y despedazan,

en algún lugar el cuerpo sigue la pendiente

escucho todo el silencio cada día.

*

Sueño con el incesante descanso,

anhelo abubillas recordándome el cielo,

¿Porqué las formas impiden un sitio?

¿Serán deudas ajenas las que pago?

¿Cuanto más es la espera para no esperar más?

Primera muerte


Las hojas se desprenden

de forma irremediable,

la unión vencida

por la savia reseca.

*

La mirada cae

con el vaivén de ella,

intenta balanceandose

retrasar la caída.

*

La verdad; inevitable,

sentencia predecible

pende del cuello

donde la humedad de lágrimas antiguas,

engrosan cada eslabón herrumbrado.

*

El rostro fijo, inmóvil

los músculos duelen

y el silencio guardado;

aún golpeando el pecho,

se mantiene callado.

Subterfugio Nº 2 (Bis) – Paga el silencio


Antiguamente dedicaba

algo del tiempo a desdeñar

ciertos desaires y desatinos.

*

Hoy me doy cuenta

fallé a la matemática,

hasta el reclamo válido no vale nada,

en este caso.

*

Así aprendí, gritando,

frente a un espejo

morado por mis gritos.

*

Mi tiempo vale, (y su moneda brilla)

a aquel que calla, recompensa,

ahora es mi respuesta la sencilla

se cubre con el barro y se endurece,

es el silencio pestilente que acribilla.

Espacios


Aquellos que mayor

respeto les merezco,

son los espacios.

*

Comienzan donde risas apagadas

aturden de silencio el alma,

recuerdan acechantes sus colmillos.

*

Se prolongan como filas,

aquellas que demoran lo que ansía

aquel que la practica.

*

Y el final que no llega,

puesto que arrastro como un bolso

con botellas de vino intercambiadas,

en donde en vez de uvas purpúreas

rebosan de resecas lágrimas

este trayecto pesaroso.

*

Por eso lo respeto,

pues es largo y humano el recorrido,

y no es culpable esta quimera,

es la pasión y el desafío

de jugar lo sentido

y vivir el martirio.

Fotografía.


Te digo adiós

pues es lo que aquí pides,

te devuelvo el espacio vacío,

conmigo las cadenas, tú el silencio.

*

No me giro

conozco el pasillo,

y se que no volteas

aunque arrastre el aliento,

los latidos.

*

Lo vivido se clava entre mis pómulos

me obliga la imagen al recuerdo,

duele y arranco esta memoria huésped

cansado, dolido, el mejor camino.

*

Sabías diez “te quiero” detrás

de mi destino,

los dos callamos

yo lo sentía.

*

Sigo de largo

y esquivo la entrada en la vuelta,

un pie después del otro en la vereda,

cerca del crudo ruido de este centro,

evitando como puedo el sonido,

haciendo del pasado al menos

el cine mudo del recuerdo.