El banquete


La enfermiza dosis

que me aplica el mundo,

duplica el volumen

y refuerza la carga.

*

Deshago forzado

latentes impulsos,

y entiendo que el mundo

perverso me prueba.

*

La sed y la sombra,

la sal y las gotas,

la fuerza y difícil

frenar de mis ansias.

*

Hay quien me comprende

y es quien me permite,

sus reglas son simples

aguardo el minuto, la hora, el segundo.

*

Desgarra mi mente los hilos que impiden,

lo opíparo en frente

de mis ojos ávidos,

transmiten sabores futuros con exactitud.

Dame el olvido


La última prueba

de mi amor taciturno,

se desgrana en la copa de un pino

y se hace al aire de un otoño lejano.

*

Te lo di todo

ni un poco me guarde ni rezagos,

son retazos manchados los que quedan

desteñidos del uso y del fracaso.

*

Aunque el lirio que pende

de tus cuartos menguantes me hace endeble,

el recuerdo del llanto, la bronca clavada,

fijan las coordenadas

a mi sitio distante del umbral reseco.

*

De mis huesos quebrados no hago cuentas,

mi deuda se cobra solamente

con tu olvido y distancia de mi cuerpo,

con silencios de muerte,

con recuerdos sepultos,

con hedor por perfumes,

con borrar la memoria.

Latente


Lo punzante, latente
olvida la quietud del sueño,
el despertar violento
imagina,
inciertos prohibidos.

*

¿Que cimiento resiste el embate del deseo
de aquél que en la frugal mañana
ve su vida tan crónicamente rutinaria?

*

La ansiedad se clava como hierros
galopando la piel sin importancias,
es probable el daño a lo sentido
recurre el requerido al pensamiento.

*

¿Que hacer cuando la duda esta en la puerta
y necesita el cuerpo de la prueba?
¿Resolverá el dilema o morirá el amor cuidado?
Demolerán ciudades huracanes con nombres de salvajes.

Por Dios te descubres.


Nos agrada más,

lo que negamos

es de a poco

la verdad.

*

Se le eriza la piel

cuando dice morir,

algo cambia de forma

si la sangre en el suelo

se frota.

*

Dame Dios

y sabré que me engañas,

me basta una prueba

tus manos tan limpias

no escriben lo que dices.