Entre deseo y desear


El filo del deseo

corta la tela gruesa de los sueños,

trabajoso, ardua tarea

deviene en la derrota del cuerpo,

la victoria del alma.

*

Saber lo que se anhela

resuena a cosa simple,

¿Tu sabes lo que quieres?

¿Lo que sueñas nace de tu alma?

lo subjetivo en ti es ajeno,

más de lo que crees.

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De caballos y mulas.


Taciturnos, el roce en la mañana se repite

las mangas campanean al son del repicar de ruedas,

coincidencias, murmullos nos acercan

y nos separan eternos cada día.

*

Al trote desfasado marchamos

soldados rasos,

a la vanguardia dicen

los decidores de escritorios bruñidos.

*

Entremezclados van en las solapas

llantos, desahucios y pesares,

y en el mayor de los fortunios

sonrisas y alegrías minorías.

*

En el tubo la corriente continua

incesante nos arrastra sutil,

¿Cuando desarmará la inteligencia

la ceguera del mundo cotidiano?

Esas ideas y esas mentiras.


Si la muerte humana

aciaga se avecina,

tal vez usted intenta

darle sentido equívoco a la vida.

*

Se arrumba la conciencia

de ideas secas,

las verdades heredadas

se toman por nuevas.

*

Y el peor de los males se desata

huracanado entre las calles,

se desparrama la semilla muerta

y nada crece entre los hombres.

*

Las venas se hinchan,

se defiende al que ondula detrás de las banderas,

mentirosos excepcionales transforman

los ojos del que oye,

el oasis se ve pero nunca se alcanza.

De las inevitabilidades


La escarpada ladera de la moral

se acrecienta cuando la soledad,

reseca por el tiempo se quiebra

ciertos valores tambaleantes peligran.

*

El recuerdo del sabor

avinagrado por el deseo,

desata la furia y busca

un reemplazo, un placebo.

*

Lo rígido sugiere partirse,

los ahogos confunden

al igual que los golpes,

¿Quieres llorar o gritar?

*

Lo prohibido desata

las furias mejor sepultadas.

De un adiós cuidadoso.


De mis pasillos oscuros

nadie tiene algún recuerdo,

mas que mi piel y mi suerte.

*

De los payasos muertos

podridos en el fondo,

rodeando el álamo.

*

Dejo la casa de madera

de ventanas rotas, tapadas,

el último rechinar de pasos.

*

Por sobre el hombro la observo,

con cierto respeto le digo adiós

a la puerta que espero no volver a cruzar.

*

El silbido del viento

acaricia los tubos enredados

del disonante llamador de ángeles.

Grito que se apaga.


Desatan los vientos

huracanados de la ira,

el negro recuerdo

de la ceniza humeante.

*

Las vallas caen,

el agua intenta

refrenarlo todo,

la lógica apagada.

*

Árboles de hierro

se yerguen en el patio,

asoman sus copas

frondosas de chapa y sangre.

*

Ciertos olvidos;

injustos y engañosos,

de aquello prometido

sin sustento.

*

Los granos de maíz

resecos incluso sobre el agua,

banderas quebradas

y el hambre intacta,

se hace eterno lo innecesario.

Ella vino


Ese día me besó,

me pateó las piernas,

me derribó el montón de estupideces

que acumulé por años,

sentí vergüenza

como si fuera un viejo pelotudo

que se viste de pibe en sus años 80.

*

Ella vino a destruirlo todo

y demostrarme que lo simple

reside sobre el suelo,

y no sobre los rascacielos estúpidos

de arquitectos de testosterona

que en realidad no hicieron nada,

porque aquél que construye

ya ni la duda nadie le voltea.

*

Ella vino y me bebió de un golpe

como un vaso de agua,

me probó lo genérico de mis palabras

y el sin sabor de tanta verborragia.

*

Ella vino y me pegó tan fuerte

que me sentí indefenso,

entre su cuerpo y el mío diferencias

y sin embargo doblegó el legado de mi tiranía.