Eras ella.


Eras tú,

la que mi mano

dibujaba en sueños.

*

La que arrancando todo

mi memoria engañosa prometía,

hacerte olvido.

*

Y aquí te pintas,

con un tinte oleaginoso

de púrpura y rojo,

y cuanto más te corro por mi pecho,

se esparce en este lienzo humano,

no puedo borrarte.

*

Dime ¿Como hacen los artistas

para quitar las líneas sin destruirlo todo?

*

Cierro los ojos

para esquivar imágenes del inconsciente,

(no puedo) se arrojan con furia y chocan

en la pantalla humana

que todo lo decodifica.

*

El fuego ganó el bosque,

devastó la fauna,

la carne calcinada,

los senderos.

Aún te quiero,

eras…”Ella”

Solo dime si puedo


Solo dime si puede

mi mano recorrer tu espalda,

mi lengua repetir lo mismo

mi sed beber tu vino.

*

Te besaré la boca como quieras

y remolinos de tu pelo entre mis dedos,

dibujaré en tu cuello lentamente

la marca imperceptible por el resto.

(Será en él, de mi, un recuerdo).

*

Perfume mi savia tu memoria

y recorra los sitios oscuros de tu cuerpo,

que el recuerdo se borre en uno nuevo

y repitamos todo como el amanecer,

que siempre joven como tú nunca se cansa.

*

Si te caes, detrás te tengo, suavemente,

seré el primero y serás libre

creerás que tus piernas se derrumban

y te hundirás en el jardín,

el néctar tuyo volverá a la tierra.

Tinta del alma


El torrente gramático

todo lo inunda y lo recorre,

la destreza de tomarlas recae

en el guardián de las corrientes,

quién retiene las posibles y cercanas

palabras,

expuestas por la inconsciencia,

que recrea irrefrenable

los hechos surgidos por la cronicidad violenta

de aquello similar a la vida,

de lo residual que explota y se dispara

a veces en poesía,

a veces en el nudo

aquel que deja sin aire a la memoria,

al espíritu, esperanzas.

Fotografía.


Te digo adiós

pues es lo que aquí pides,

te devuelvo el espacio vacío,

conmigo las cadenas, tú el silencio.

*

No me giro

conozco el pasillo,

y se que no volteas

aunque arrastre el aliento,

los latidos.

*

Lo vivido se clava entre mis pómulos

me obliga la imagen al recuerdo,

duele y arranco esta memoria huésped

cansado, dolido, el mejor camino.

*

Sabías diez “te quiero” detrás

de mi destino,

los dos callamos

yo lo sentía.

*

Sigo de largo

y esquivo la entrada en la vuelta,

un pie después del otro en la vereda,

cerca del crudo ruido de este centro,

evitando como puedo el sonido,

haciendo del pasado al menos

el cine mudo del recuerdo.

Dame el olvido


La última prueba

de mi amor taciturno,

se desgrana en la copa de un pino

y se hace al aire de un otoño lejano.

*

Te lo di todo

ni un poco me guarde ni rezagos,

son retazos manchados los que quedan

desteñidos del uso y del fracaso.

*

Aunque el lirio que pende

de tus cuartos menguantes me hace endeble,

el recuerdo del llanto, la bronca clavada,

fijan las coordenadas

a mi sitio distante del umbral reseco.

*

De mis huesos quebrados no hago cuentas,

mi deuda se cobra solamente

con tu olvido y distancia de mi cuerpo,

con silencios de muerte,

con recuerdos sepultos,

con hedor por perfumes,

con borrar la memoria.

Motivo


La manía de volcar texto
en donde sea legible
sucede con la intención ilusa
de entre trazo y vuelta
bajar por el costado de la pluma,
fundirse con la tinta y transportarse;
aunque largo conlleve dicha huída,
hacerse libre, hacerse letra,
y plasmarse en la forma que uno sabe,
mostrarle a quien lo lea su pendiente,
hacer cursiva y dar comillas a las frases,
remarcar sus ideas, subrayarles,
mezclar la tinta con la sangre
y quien intente (patanes e inconclusos)
borrar de la memoria colectiva sus azares,
¡Se manche así las manos y evidencie,
el crimen de acallar a los valientes!

Subterfugio Nº 3 (“Las Hembras”)


Sin importar las consecuencias

se treparon al ego del supuesto viril,

pisotearon las reglas que no miden

las distancias zanjadas desde antaño.

*

Hicieron caso omiso a aquellos gritos

e invitaron a esas voces silenciosas tan calladas por los golpes,

a alzar la voz ¡ya! por sus vidas, por sus hijos y sus hombres,

enfrentaron cara a cara al lobo escondido entre su traje.

*

Y estos cobardes decidieron intentar

silenciarlas con el fuego

sin pensar que por el miedo,

despertaron en la hoguera

el espíritu de cientos de guerreras.

*

Son los gritos que perduran

el regalo más costoso,

no te vistas de gala sin memoria,

sin recordar el esfuerzo mortal

de tantas damas, teñidas de rojo.