Dependo


La verdad es que a usted

no le hace falta tanto mi buen día,

yo rodando entre grises negráceos

me cobijo en la suerte de dar con la salida.

*

La libertad completa es el suicidio

solté los lazos del Parnaso pero aún

pendo de la soga de cierta indiferencia,

busco el reemplazo de mi punto débil.

*

Confieso que dependo

de ese esencial néctar

que solo brota de su boca,

que lamento y por él sobrevivo.

*

Así me encuentro

medianamente humano;

fue todo lo que pude,

distante y envalentonado

en dirección a la energía Universal.

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Teorías


En la incesante marea de ideas

las almas a la espera se marchitan,

en la vereda húmeda, sentadas,

el designio final es siempre nudo.

*

El desencanto se vende sin rebusque

los rostros se derriten y se funden,

como el bronce vencido que no ilustra

el tiempo de esperar ya no es posible.

*

La verdad increíble el paradigma

de saber el error, la solución,

en la acción vencidos como si resurgiera

cada mañana las trincheras de vidrios.

*

¿Será que somos la semilla

y ya los gajos utopía?

¿Será que dejarse morir

no es tan suicidio?

*

Se siente lo humano tan lejano

que burdas teorías pacen

en la rendija de los pensamientos,

buscando evitar el aciago cercano.

Lo que realmente es.


Si pudiéramos ser

lo que realmente somos,

la verdad que se yergue

se desplomaría.

*

Si pudiera usted ser

lo que le oculta al mundo,

lo depravado el agua

y hasta lo impío a todos

le quedaría chico.

*

Si todo comenzara ahora

mientras sus ojos corren estas letras,

haría un lado los libros, lo sacro,

obligaría a mis ojos somnolientos

a perseguir su sombra,

su verdadera historia.

Primera muerte


Las hojas se desprenden

de forma irremediable,

la unión vencida

por la savia reseca.

*

La mirada cae

con el vaivén de ella,

intenta balanceandose

retrasar la caída.

*

La verdad; inevitable,

sentencia predecible

pende del cuello

donde la humedad de lágrimas antiguas,

engrosan cada eslabón herrumbrado.

*

El rostro fijo, inmóvil

los músculos duelen

y el silencio guardado;

aún golpeando el pecho,

se mantiene callado.

No existe como tal. (Justicia)


Lo justo pende

del listón herbáceo

que columpia su fruto.

*

Sin la luz que refleje

las figuras estimativas

la verdad se encuentra debajo.

*

Cruje la savia,

tiembla la vida,

el crepitar repentino

divide los sonidos,

de los deseados,

de los inesperados.

*

Entre el veneno ciudadano

pivotea su carne violácea,

su mora se tiñe de lo cierto.

*

De vida la vida no da nada,

no hay dios en el tiempo,

la arena mojada o cristal roto,

eso es lo cierto.

 

En honor a los jugadores del Club Chapecoense, vuelo fatídico; por negligencia humana y avaricia.

 

 

Adiós, recuerdo y el mensaje.


Hubiese querido

que la eternidad te asiera,

un tiempo más

casi todo el mío.

*

Me retumba cálidamente

los acordes, el eco,

los cálidos discos donde reposaban

melodías, la pared, tu cama.

*

Una tarde me tembló en el pecho

la congoja, un nudo, el frío,

un llamado y por otro tu olvido.

*

Nunca hay tiempo para todo

la verdad es ahora,

el adiós nunca demora.

El hijo muerto


El hijo muerto

que parió la simbiosis,

de los encuentros funestos;

el día que limpié las miserias en las tuyas,

yace frío a tus pies,

en la esquina, el café.

*

Lo pútrido que invade los sentidos

impide y direcciona lo agudo que se pierde,

se presiente el desenlace incluso

en la más sólida verdad de quien la ampara.

*

Lo tomo de las piernas

lo tomas de las manos,

y la fosa elegida ya no importa

los dos sabemos que la muerte

no merece guirnaldas ni coronas,

das vueltas con las ganas

de olvidar el camino,

evitar de una vez los desentierros,

las resurrecciones no soportan

ni saben de segundas intenciones.