El banquete


La enfermiza dosis

que me aplica el mundo,

duplica el volumen

y refuerza la carga.

*

Deshago forzado

latentes impulsos,

y entiendo que el mundo

perverso me prueba.

*

La sed y la sombra,

la sal y las gotas,

la fuerza y difícil

frenar de mis ansias.

*

Hay quien me comprende

y es quien me permite,

sus reglas son simples

aguardo el minuto, la hora, el segundo.

*

Desgarra mi mente los hilos que impiden,

lo opíparo en frente

de mis ojos ávidos,

transmiten sabores futuros con exactitud.

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La forma de la palabra


El arte de hilar

los vocablos, con el fin

de alcanzar terminales impolutas

en desuso por las morales,

es una práctica Universal poco atractiva.

*

Sus discípulos la descubren

en momentos de eclipse espiritual,

donde el frío se cuela en los veranos,

y quiebran las voluntades más voluminosas.

*

Si la palabra llega de a gotas

es su sabia medida,

provocarle humedad al corazón,

e inundar sus ríos, con la esperanza

que alcancen lo reseco y le den vida.

Ansiedad, defecto humano.


Es que esa rueda que recorre los nervios

presiona el tiempo recurrente,

infinito, a priori del momento deseado,

letargo violento que sacude la piel, alimenta,

la desesperante necesidad de los bocados,

de tener entre manos lo que asoma en la frente desde adentro.

*

El ahogamiento que produce el vacío,

el vacío que se tarda en llenar por la gotera,

son los segundos que caen suspendidos

con masa insuficiente a lo esperado.

*

Es cuando el balde rebalsa suficiente

que sacia esas gargantas empolvadas,

que da lo que nos falta y luego quita,

la espera nuevamente

del agua que no llega,

de gotas que golpean en el fondo

y retumban en la odiada ansiedad,

la carne se endurece,

se espera la humedad con desaforo,

es el defecto humano que se pega,

es imposible retractarse de esta forma involuntaria.