Espacio profundo


Camina por el aire divagando

el pensamiento; extraño que parece,

choca en lo oscuro y los destellos

de una memoria que ayuda cuanto puede.

*

A tientas estas manos; deseando me encuentren,

me quiten del espejo quebrado,

hagan la imagen del reflejo del sueño

que desvela mis días y la vida.

*

Se que existo en un sitio,

se que migra y lo sigo,

el cuerpo es el mapa que recorro

y aunque parece poco

en la puerta del cielo esta mi mente

y el espacio de a poco todo lo gravita.

Latente


Lo punzante, latente
olvida la quietud del sueño,
el despertar violento
imagina,
inciertos prohibidos.

*

¿Que cimiento resiste el embate del deseo
de aquél que en la frugal mañana
ve su vida tan crónicamente rutinaria?

*

La ansiedad se clava como hierros
galopando la piel sin importancias,
es probable el daño a lo sentido
recurre el requerido al pensamiento.

*

¿Que hacer cuando la duda esta en la puerta
y necesita el cuerpo de la prueba?
¿Resolverá el dilema o morirá el amor cuidado?
Demolerán ciudades huracanes con nombres de salvajes.

Las preguntas


 

El errante aventurero se asomó a la vida de temprano, de aquellas épocas de alfajores baratos, de zapatillas embarradas, de pelotas berretas y amigos en el campito. Desde esos días empezó a olvidarse de vivir para si mismo, se metió en una puerta cuando andaba dormido, y despertó a una docena de viejos arrugados que refunfuñaban por todo.

–¡Ya era hora!– Se apuró a decir el primero. Mientras el de al lado completaba.

–¡Porqué no nos dejaste seguir durmiendo!–

–Vine acá con la esperanza de que me respondieran algunas preguntas– Comentó cabizbajo.

–¡Ja, ja, ja, ja!–Rieron más de la mitad.

–¿Algunas preguntas?–Dijeron unos diez al unísono.

–Si, algunas preguntas, cuando me puse a pensar en algo luego pensé en esto y en aquello, y en que pasaría, y también en los animales y luego en el ruido, también en las focas o en los delfines, en los árboles, en los niños de la calle, y de tanto ir de aquí para allá dí con esta puerta la abrí y…– Lo interrumpieron otra vez.

–¿Algunas preguntas? ¡Ja, ja, ja, ja!– De nuevo los diez. Entre todos ellos se asomó el más viejo y dijo:

–No los escuches, se ponen insoportables cuando se despiertan por primera vez.– Dijo con voz cálida.

–¿Primera vez?– Le asombró el comentario.

–Claro, nosotros nacimos con vos y después de 15 años de sueño profundo nos despertaste con tanto ruido.–

–¿Porqué no despertaron antes?– Dijo.

–En este lugar alejado y cálido nada puede despertarnos de nuestro sueño, si vos no hubieses abierto esa puerta no estaríamos manteniendo esta conversación.–

–¡Todo esto me asusta, yo solo quiero respuestas a algunas preguntas, no más!–Dijo asustado.

–¡Ja, ja! Mi querido amigo, mira lo que tenes en tus manos.–Dijo el viejo enano.

Miró hacia abajo, no lo había notado ¡Tenía el pomo de la puerta entre sus dedos! Dio la vuelta y corrió a la entrada, la puerta estaba entreabierta, ya del otro lado intentó cerrarla pero ¡Ya no tenía cerradura! parecía como si alguien durante la charla la reformara impidiendo cerrarla a propósito. Tiró la pieza plomiza sin reparo y volvió sobre sus pasos hasta la salida, cuando a lo lejos escuchó la voz del viejo diciendo:

–¡Querido Daniel esta puerta ya nunca se cerrará!–

Despertó y la extraña sensación a diferencia de lo que esperaba de cualquier otro sueño agitado lo llenó de paz y a su vez, curiosidad.

 

En la mitología


Cerró los ojos, víctima del sueño

dolor agudo el frío le recorre

impedido despierta viendo el ave

que rasga y traga sus entrañas tibias.

*

Creyendo que tal vez esto termina

recordase el presente de su vida

negó a su cuerpo ver la luz del día

vivió muriendo por amar sin tiempo.

*

Yo vi sus lágrimas mientras caían

llorándose como así mismas ellas,

salí corriendo hacia el umbral materno

abandoné al tendido sin saber donde iría.

*

Me desperté a mi lado, soledad vencida

el condenado mi alma que moría

siendo testigo del final rendido

silban mis pasos viento, el cuerpo hueco, herido.