Descuido crónico.


Amor,

que cada día suenas más a una utopía,

que cada día caes y te enrollas

en la hojarasca seca del olvido.

*

Mis manos te rescatan imprecisas

sin saber el lenguaje; es todo a tientas,

sutil y delicado tu cuerpo

arrullo entre mi pecho y mi pasado.

*

Es cada paso de esta empatía

una encubierta necesidad ególatra,

de recubrir agujeros polvorientos

apolillados de ayeres moribundos.

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Primera muerte


Las hojas se desprenden

de forma irremediable,

la unión vencida

por la savia reseca.

*

La mirada cae

con el vaivén de ella,

intenta balanceandose

retrasar la caída.

*

La verdad; inevitable,

sentencia predecible

pende del cuello

donde la humedad de lágrimas antiguas,

engrosan cada eslabón herrumbrado.

*

El rostro fijo, inmóvil

los músculos duelen

y el silencio guardado;

aún golpeando el pecho,

se mantiene callado.