El campo gris.


Nuestras hojas de otoño

despellejadas en verano,

el olvido punzante cala su forma

reseca y quebradiza, sin vida.

*

El campo llano advierte

no habrá cosecha,

las semillas vuelan

sobre la piedra mueren.

*

Los surcos y el terreno arcilloso

dan el mensaje claro,

el trigo muerto la luna alumbra,

con su inocente y pálida luz espectral.

*

Los últimos brotes

arrancados en la tarde de ayer

presagian,

olvido, recuerdos y claveles.

*

Si sus ojos frotaran esa imagen,

detengase a un costado,

contemple y alimente

fantasmas que aguardan,

la historia que no fue.

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Primera muerte


Las hojas se desprenden

de forma irremediable,

la unión vencida

por la savia reseca.

*

La mirada cae

con el vaivén de ella,

intenta balanceandose

retrasar la caída.

*

La verdad; inevitable,

sentencia predecible

pende del cuello

donde la humedad de lágrimas antiguas,

engrosan cada eslabón herrumbrado.

*

El rostro fijo, inmóvil

los músculos duelen

y el silencio guardado;

aún golpeando el pecho,

se mantiene callado.

Vida de odio


Su dolor crece

y devuelve al cúmulo de fluctuaciones

la energía alterada,

el sufrir derruye lo próximo.

*

Heridas profundas,

cubiertas de pena,

ligeramente imperceptibles

la causa, su guía.

*

El veredicto unidireccional

golpea todo lo que delante cruza,

así calma el pasado

y devuelve a la vida,

antiguos demonios olvidados.

*

Lo probable indica el final,

como aquellos que a solas

observan las últimas hojas de la historia,

el desenlace es próximo e irrefrenable.

Oda Nº1 al Agua


¡Oh Agua!

que recorres el río

y golpeas las piedras,

que te acercas de a poco,

atraviesas las fauces

de agitados peces,

escapas por sus branquias

y ruedas impelada

agitando el fondo,

revolviendo la tierra,

desorbitando caracolas,

agitando los cuerpos

oliváceos de diminutas plantas,

llevándote contigo las hojas

viejas que se sueltan.

Así tu vienes y te acercas,

eres una y a la vez todas

y esculpes los costados,

el suelo acuoso,

todo lo transformas a tu paso

según tu carácter o energía,

y al final del día

te escurres al cubo de madera,

reposas mansa y apacible,

te viertes desnuda en el vaso

y me recorres hasta colmarme

de tu fresco cuerpo y aroma

se nutren mis desiertos.