Primera muerte


Las hojas se desprenden

de forma irremediable,

la unión vencida

por la savia reseca.

*

La mirada cae

con el vaivén de ella,

intenta balanceandose

retrasar la caída.

*

La verdad; inevitable,

sentencia predecible

pende del cuello

donde la humedad de lágrimas antiguas,

engrosan cada eslabón herrumbrado.

*

El rostro fijo, inmóvil

los músculos duelen

y el silencio guardado;

aún golpeando el pecho,

se mantiene callado.

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Solo dime si puedo


Solo dime si puede

mi mano recorrer tu espalda,

mi lengua repetir lo mismo

mi sed beber tu vino.

*

Te besaré la boca como quieras

y remolinos de tu pelo entre mis dedos,

dibujaré en tu cuello lentamente

la marca imperceptible por el resto.

(Será en él, de mi, un recuerdo).

*

Perfume mi savia tu memoria

y recorra los sitios oscuros de tu cuerpo,

que el recuerdo se borre en uno nuevo

y repitamos todo como el amanecer,

que siempre joven como tú nunca se cansa.

*

Si te caes, detrás te tengo, suavemente,

seré el primero y serás libre

creerás que tus piernas se derrumban

y te hundirás en el jardín,

el néctar tuyo volverá a la tierra.

Tú no sabes


Tú no sabes

de la gélida escarcha

que penetra

más allá del bronce, del acero.

*

Tú no sabes

del bramar de mi sangre,

la visión nebulosa,

la muerte rondante.

*

Tú no sabes

que incluso cerca del final

mis fuerzas me acompañan,

mis manos recorren tu cuello.

*

Tú no sabes

guerrero me siento,

morir es la presea que engalana

los repujes del encierro fétido.