24 minutos


Cautiva la carne y tensa

yace,

lo humano se pierde,

la conciencia.

*

Los golpes y la arritmia

insistentes,

lo tenso busca desmoronarse,

el sollozo.

*

Las marcas de fuego se sitúan

repetidas,

los sitios comunes se agitan

se contraen.

*

El desgaste consigue el asedio

penetra,

el río subterráneo se cuela

lo ahoga.

 

 

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Oda Nº1 al Agua


¡Oh Agua!

que recorres el río

y golpeas las piedras,

que te acercas de a poco,

atraviesas las fauces

de agitados peces,

escapas por sus branquias

y ruedas impelada

agitando el fondo,

revolviendo la tierra,

desorbitando caracolas,

agitando los cuerpos

oliváceos de diminutas plantas,

llevándote contigo las hojas

viejas que se sueltan.

Así tu vienes y te acercas,

eres una y a la vez todas

y esculpes los costados,

el suelo acuoso,

todo lo transformas a tu paso

según tu carácter o energía,

y al final del día

te escurres al cubo de madera,

reposas mansa y apacible,

te viertes desnuda en el vaso

y me recorres hasta colmarme

de tu fresco cuerpo y aroma

se nutren mis desiertos.

 

Fuego de primavera


Mal crees

que el amor es eterno,

si cuando joven

la sangre brama incontenible

y cerca de otros brazos

salvaje se perturba.

*

No es más

que cuando cesa el río turbulento,

y place en las orillas

la calma y la tesura

se funde lo maleable

ya exhausta la locura.