De la piedra que brota.


Sucumbo lánguidamente

entre la hojarasca bulliciosa

de mis húmedos calabozos,

de vestigios del éter circundante.

*

Allí posan mis abigarrados deseos

nativos de mi entorno inestable,

se nutrieron de grises y morados

de salvajes violetas y plateados.

*

Mis dedos horadan la frágil unión

señales débiles alcanzan el extremo,

aguardo, silencio y otro intento

repito hasta el hartazgo o la respuesta.

*

Como en el sutil azul del mar

el eco punza y lo acuoso penetra,

las voces múltiples resuenan,

los colores se mezclan y la savia

se derrama en el lienzo rasgado.

 

 

 

 

 

 

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Lo que sucede


Cuando me decidas soltar

el aire se hará escaso,

y la copa de vino reseca

con las huellas moradas,

dejará a la vista el dibujo

de la lujuria ausente.

*

Los tambores, la música,

serán susurros en las fiestas

el silencio hará dudar de ti la sordera

y  las voces sin letras, con firmeza,

dibujarán las muecas

golpeando el invisible velo de tu ausencia.

*

El amor se desata

y en lo fantástico de su grandeza

festejamos,

y cuando crece;

si se le escapa,

de su esencia el control de los que ríen

todos lloran,

unos por inconscientes

otros por ser humanos.

Subterfugio Nº 3 (“Las Hembras”)


Sin importar las consecuencias

se treparon al ego del supuesto viril,

pisotearon las reglas que no miden

las distancias zanjadas desde antaño.

*

Hicieron caso omiso a aquellos gritos

e invitaron a esas voces silenciosas tan calladas por los golpes,

a alzar la voz ¡ya! por sus vidas, por sus hijos y sus hombres,

enfrentaron cara a cara al lobo escondido entre su traje.

*

Y estos cobardes decidieron intentar

silenciarlas con el fuego

sin pensar que por el miedo,

despertaron en la hoguera

el espíritu de cientos de guerreras.

*

Son los gritos que perduran

el regalo más costoso,

no te vistas de gala sin memoria,

sin recordar el esfuerzo mortal

de tantas damas, teñidas de rojo.