De la piedra que brota.


Sucumbo lánguidamente

entre la hojarasca bulliciosa

de mis húmedos calabozos,

de vestigios del éter circundante.

*

Allí posan mis abigarrados deseos

nativos de mi entorno inestable,

se nutrieron de grises y morados

de salvajes violetas y plateados.

*

Mis dedos horadan la frágil unión

señales débiles alcanzan el extremo,

aguardo, silencio y otro intento

repito hasta el hartazgo o la respuesta.

*

Como en el sutil azul del mar

el eco punza y lo acuoso penetra,

las voces múltiples resuenan,

los colores se mezclan y la savia

se derrama en el lienzo rasgado.

 

 

 

 

 

 

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Demasiada verdad te hace un verdugo


El con tanto por decir

y vos sin nada,

hace banderas del amor

y tu las llevas como faldas.

*

Para que sutil en esta vuelta

si da lo mismo cal o arena,

tus olas derribando lo que sea,

que te importa si es un niño

el que pierde sus castillos.

*

Pisoteas lo que sea

¿Será tal vez sin darte cuenta?,

se acaba iluso lo profeso

se va de este cielo

la tarde te aleja

tu noche añorada,

que aguardas añeja.

Tal vez de los tal veces (1ero)


Tal vez el odio

este ahí,

y la lengua que pueda

en llave contorsiona

su filosa estructura

se introduzca sutil,

reputación endeble.

*

Tal vez libere

lo que nunca asomara

al torrente sanguíneo,

que cual compuesto químico

al sangrar reaccionara

incendiando humedales,

desterrando la vida.

*

Tal vez los cuerpos

propensos fulgurantes

de espíritus cobardes

se cuecen al candor

del punzante hierro

estaqueando los miedos,

liberando a Cerbero.