De la piedra que brota.


Sucumbo lánguidamente

entre la hojarasca bulliciosa

de mis húmedos calabozos,

de vestigios del éter circundante.

*

Allí posan mis abigarrados deseos

nativos de mi entorno inestable,

se nutrieron de grises y morados

de salvajes violetas y plateados.

*

Mis dedos horadan la frágil unión

señales débiles alcanzan el extremo,

aguardo, silencio y otro intento

repito hasta el hartazgo o la respuesta.

*

Como en el sutil azul del mar

el eco punza y lo acuoso penetra,

las voces múltiples resuenan,

los colores se mezclan y la savia

se derrama en el lienzo rasgado.

 

 

 

 

 

 

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