El hijo de Mercurio


I

En el sagrario urbano de la percepción

que se desfasa entre las dimensiones; posibles hasta ahora,

vierto lánguidamente los resultados en la noche del día,

momentos antes del crepúsculo de mi bitácora.

*

Quien otrora existiese;

debe de serlo,

(pues creo a la intuición quien lo percibe)

traslada el artefacto,

y centelleados mis ojos

en lo inexplicable se funden cada día,

deseando consultar lo atiborrado.

 

II

Me intriga sí este acto;

que aparenta tan noble,

oculta sus razones y confunden,

si el mensajero cruza por el agua su cuerpo

de la cascada sacra

que barre la negrura y el germen impío.

*

Este lugar, estos archivos,

¿Por qué los llevas? ¿Por qué los guardas?

cuando encuentre la forma de persuadir el tiempo y la materia

montaré el costal con cáscaras de la sabiduría,

y con el último candor de mi valía

arrojaré mi cuerpo a la galaxia

con la añoranza de develar lo incierto.

 

 

Lo humano, el miedo.


La humanidad

es sencillamente simple,

tal vez me excuso

por ser yo intransigente.

*

Inventamos bellezas

para negar la forma,

de almas recortadas

con tijeras baratas.

*

No niego iluminados

pero que al fin y al cabo,

¿Qué cambia tanta pompa,

tanta sabiduría en este entorno?

*

Lo malo sobrepasa

cualquier poesía, deseo u osadía,

tenemos que arrancar los brotes

del yuyo que infesta lo humano.

*

Matar el animal, morir la rabia,

aunque el lobo recuerden

no se halla en las afueras,

sí duerme en cada pecho cobarde.

Lobo rapaz.jpg