Mañanas


Escribo en voz alta,

así recuerdo que me pasa

cada día, sobre la mañana

dejo caer cada palabra.

*

Mi frente entre el vidrio

se escapa el cuadro natural,

o mejor dicho,

yo me escapo de él.

*

El ruido me persigue,

la música extinta

sufro por ella

soy culpable también.

*

Deseo inquietante

me perturba el sabor,

¿Luchar o dejarse vencer?

¿Que haré si me equivoco?

 

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Fotografía.


Te digo adiós

pues es lo que aquí pides,

te devuelvo el espacio vacío,

conmigo las cadenas, tú el silencio.

*

No me giro

conozco el pasillo,

y se que no volteas

aunque arrastre el aliento,

los latidos.

*

Lo vivido se clava entre mis pómulos

me obliga la imagen al recuerdo,

duele y arranco esta memoria huésped

cansado, dolido, el mejor camino.

*

Sabías diez “te quiero” detrás

de mi destino,

los dos callamos

yo lo sentía.

*

Sigo de largo

y esquivo la entrada en la vuelta,

un pie después del otro en la vereda,

cerca del crudo ruido de este centro,

evitando como puedo el sonido,

haciendo del pasado al menos

el cine mudo del recuerdo.

Un juego


Hagamos una cosa.

Ya que los días corren como siempre,

digamos que la gente se abraza sin sentido,

pensemos que los niños no viven en la calle

que por un rato, sólo están perdidos.

Veamos que lo extraño

son los lugares sin sonidos,

¡Escuche tanto ruido!

es la palabra,

que vuela efervescente

de boca en cada oído

y pocos son los autos, colectivos,

las nubes van de blanco,

se observan las palomas

en baldozones celestes y de brillo,

y el miedo es un vocablo ya perdido

impreso en diccionarios del olvido.

Digamos que el trabajo es compartido,

que todo lo que tienes no lo tienes,

y el recelo a la inversa el sentimiento,

sin recelos, sin sentir más deseos por lo ajeno,

por lo vacuo, lo inerte o irrelevante,

de poseer lo transformado sin sentido humano.

De lo que ya no es necesario los más jóvenes

se ríen, de lo viejo,

y en los pasillos de museos sin fondos,

televisores y teléfonos como amuletos,

se aburren en vitrinas sin reflejos.

Digamos que hoy no importa lo que importa,

tal vez jugando,

haciéndonos de vez en cuando así esta broma,

quién dice que aprendamos

en vez de odiar a amarnos.

Pensar en voz alta


Estoy tratando

de conservar el resto

que queda en el estuche

de integridad  o fe.

*

Ahora entiendo

porque buscan en el cielo,

es el último paso,

la necesidad de ser oído.

*

Y es que hago ruido

para saber si existo,

si tuercen a mirarme

el aliciente contacto visual.

*

Son más los días que son noches

no en vano nos prohíben

controlar eso de la hematosis.

*

Poco me importa

si suena un desatino,

también escribo

versos como escalones,

para que trepen almas

y callen opiniones.

*

Los dos deseos

que retumban al hombre

son la vida, el amor,

o son la muerte, el olvido,

y estas últimas;

famosas por estar al alcance del más pobre,

son más probables que funcionen.