Subterfugio Nº 3 (“Las Hembras”)


Sin importar las consecuencias

se treparon al ego del supuesto viril,

pisotearon las reglas que no miden

las distancias zanjadas desde antaño.

*

Hicieron caso omiso a aquellos gritos

e invitaron a esas voces silenciosas tan calladas por los golpes,

a alzar la voz ¡ya! por sus vidas, por sus hijos y sus hombres,

enfrentaron cara a cara al lobo escondido entre su traje.

*

Y estos cobardes decidieron intentar

silenciarlas con el fuego

sin pensar que por el miedo,

despertaron en la hoguera

el espíritu de cientos de guerreras.

*

Son los gritos que perduran

el regalo más costoso,

no te vistas de gala sin memoria,

sin recordar el esfuerzo mortal

de tantas damas, teñidas de rojo.

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Lo humano, el miedo.


La humanidad

es sencillamente simple,

tal vez me excuso

por ser yo intransigente.

*

Inventamos bellezas

para negar la forma,

de almas recortadas

con tijeras baratas.

*

No niego iluminados

pero que al fin y al cabo,

¿Qué cambia tanta pompa,

tanta sabiduría en este entorno?

*

Lo malo sobrepasa

cualquier poesía, deseo u osadía,

tenemos que arrancar los brotes

del yuyo que infesta lo humano.

*

Matar el animal, morir la rabia,

aunque el lobo recuerden

no se halla en las afueras,

sí duerme en cada pecho cobarde.

Lobo rapaz.jpg

 

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Recuerdo de una voz premoniciones,
su cuerpo demacrado lo insinuaba.

Trazó en el aire con su dedo
el mapa del destino, del tiempo,
de todos mis minutos los momentos
la pena por seguir siendo quien gusto.

“Vivirás aislado de tu especie,
el odio y el recelo serán aquellos alimento,
podrás hablar contigo hasta el hartazgo
y en eso de la suerte tal vez desligarse,
del cinto, la locura y el suicidio.”

Por el momento su dictamen es tan cierto
que solo su experiencia me da calma,
llegando a tantos años con su karma,
tal vez alcance ese delirio con cordura.

Duele ser el lobo de la estepa olvidada,
aquella que dejaba atravesando espinas,
ahora de regreso me recuerdan
con la sangre reseca ya podrida,
infectandome el doble en la herida,
que el cuerpo y que la piel ya no lo olvidan,
volver a ese lugar de antes, el pasado,
sin decisión allí empujado,
tal vez sea el momento de pedir esa soga,
la soga que te escapa,
(o)la soga que te mata.