En espera


Llamas a esto cuerpo

que es solo carne y hueso,

impide tácito el traslado

del pensamiento vivo

necrófaga molestia.

*

Sin tiempo alguno nunca

desde que agujas ocuparon

cubículos de nada y todo llevan

la invención de lo escaso a la memoria.

*

Yo tuerzo el velo

que día a día llevo,

con la esperanza burda

de percibir un cielo.

*

Y giro iluso, incluso

si percibo el más tibio

de los sonidos fuera

también con el silencio

vacío, lágrima, te espero.

Anuncios

El pescador


216669_10150340099332845_564572844_9909800_560792_n

“Se dejó caer por la figura algo empinada de un montículo, cerca de la orilla preparó su caña improvisada, se pinchó el dedo; tal vez la gota de sangre en el anzuelo fuera de ayuda con los peces, encarnó por último su línea, le dolía un poco pero no era grave, falta de costumbre, en medio de la oscuridad zumbó la tanza y la plomada guiaba al fondo del río el artilugio peligroso, los destellos fueron el reflejo de la luna en el desvalorizado metal. De repente cuando la gravedad venció esta fuerza, se escuchó un golpe seco, algo no fue lo esperado, en ese instante el cuarto menguante delató lo terso inexistente. Quiso ir más allá de la orilla pero lo húmedo nunca comenzaba, a cambio de agua se encontró con algo parecido a una alfombra, acartonada y llena de tierra y hojas. Comenzó a darle vueltas al reel, el anzuelo estaba encajado, tiró y tiró más fuerte, la tensión mermo y atrajo a la orilla aquello que sabia no nadaba. Dejó todo en el suelo, se acercó y arrastró esta manta polvorienta y rasgada, debajo, yacía una superficie llana y delicada como ningún cristal, ahora con la ansiedad y lo perplejo dentro de él descendió por un hueco tallado a la perfección, se sentía en el aire, cierto temor le producía cada paso que daba, la sensación de vacío era completa, pero su estado lo animaba a más. El espiral descendente parecía no tener fin, pero su cuerpo se aligeraba a medida que avanzaba hacia lo más profundo de la tierra. Sin darse cuenta el último escalón dio a un salón de matices dorados y refulgentes, dejó caer la primera pisada cuando escuchó una voz. No supo entender el mensaje pero tampoco se sintió amenazado, camino hacia el fondo de esta gran nave y entre los destellos creyó ver una figura erguida. Desde ahí escucho esa voz apacible repetirse, un hombrecillo, pequeño, diminuto y cubierto por unas telas con detalles y  símbolos que nunca; nuestro pescador, había visto antes. De entre sus ropas levanto un brazo e indicó una dirección hacia la cual comenzó a dirigirse con paso ligero, lo siguió. Atravesaron otro sitio similar al primero, giraron, volvieron a avanzar, bajaron y subieron, hasta que ya no era posible distinguir el norte del sur, ni el arriba del abajo. El pequeño guía no habló en todo el intrincado camino. Este debería ser el último sitio: los pasajes y recovecos desaparecieron y solo una puerta era al final. Su indescifrable compañero repitió la seña y animó al pescador a seguirlo hasta allí. Deslizó su mano rápido y con un ligero toque abrió los grandes pliegos dorados y macizos de esta sala. La luz se apoderó del recinto y mermó, ante tan notable hallazgo sus ojos se posaron en una extensa maquinaria que cubría el centro del lugar. Similar en su forma y en su posición a un telescopio, un artefacto desconocido proyectaba un inmenso haz de luz a través del techo de la habitación, la cual no tenía fin, o mejor dicho, no contaba con algo que cubriese sus cabezas. Una pantalla a su costado transmitía imágenes de lo que pareciera la constelación de Orión, el anonadado visitante la contempló fijo, casi pétreo, la máquina a sus espaldas proyectaba la dimensión y forma del cielo y el universo que creíamos conocer.”

Celebrar


Lo eventual es la ocasión para decir eso que la cotidianidad mitiga, es como la luna roja o las auroras boreales, que si fuere a transformarse en constante, se prueba desabrido.

Esos raros momentos donde somos la atención de los consecuentes y los indiferentes; de alguno de ellos, para luego volver al  anonimato, a excepción de los que siempre rondamos; es poco común, y es por eso menester celebrarlo.

Seguirte


Que esquiva es la mirada intensa

que corres cuando acierto, tú vigía

el limbo que separa no es tan cierto

la ciencia lo dispone, escasos metros.

*

Aunque alcanzarse lo es posible

disertan y en conflicto resoluto,

responde en desacuerdo esta asamblea

que grita muda al contraparte ciego.

*

Y el tiempo que no encuentra diferencias

no tuerce su virtuosa, finita carrera

me obliga los caminos tercos

bajar donde tu sigues, seguir donde te marchas.

Si se es olvido


Quién sabe donde

dejemos nuestros pasos,

así tomo tus manos

dolidas y cansadas.

*

Te suelto besos

en el cuello porque ríes

si paso a ser recuerdo

déjame marcas en el pecho.

Sin título


Para que consumir la arena
que rasga el vidrio curvo
que inútil
intenta retenerla.

*

La tarea dura de reconocer
que el fondo del estanque
se ha secado
el balde trae polvo.

*

Por sutil gracia
o costumbre hogareña
los lazos que sostienen
ahora, ya no son tantos.

*

Las lluvias vuelven
y el vendaval arranca
cada uno de los leños
que refugio falsearon.

*

El error reciente
la ansiedad del futuro
corrí las páginas
del libro que dibujo
ya lo se todo
no me sorprende
¿Que más puedo esperar?
¿O acaso no es más que otro final?